Ampliando la mirada de vulnerabilidad en el área de educación

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La semana pasada continuaron las reuniones de los grupos de trabajo del Programa de Planificación Integral de Resiliencia Comunitaria. La primera reunión fue con el Grupo de Trabajo del componente de educación. Participaron el Departamento de Educación, Fundación Kinesis, Centro de Investigaciones Educativas, Escuela Graduada de Educación, Universidad de Puerto Rico y Save the Children.

El tema comenzó definiendo el marco de referencia a utilizar para analizar vulnerabilidad en las comunidades con el tema. Hubo consenso en dividir la discusión en dos áreas. Primero, había que definir perfil educativo de la comunidad y luego la oferta educativa. En relación al perfil educativo de una comunidad, se enumeraron los indicadores que tradicionalmente se usan en estos temas, tales como: la población menor de 21 años matriculada en una institución educativa y la escolaridad de los residentes mayores de 25 años. Ciertamente estos indicadores ayudan a construir un perfil educativo, y ya que son parte de la Encuesta de la Comunidad (American Community Survey), están disponibles a niveles muy granulares (grupo de bloques del censo). Sin embargo, estos datos no son suficientes ya que no dicen nada sobre la calidad educativa que reciben los residentes. Es decir, dos comunidades pueden tener el mismo promedio de años de escolaridad, pero si una recibe mejor calidad pues entonces tenemos disparidad educativa.

En Puerto Rico existen datos estandarizados para colaborar el dominio de destrezas básicas de estudiantes, tales como, las pruebas estandarizas META (para escuelas públicas solamente), y el College Board. Con esos datos se pudiera identificar las áreas geográficas en Puerto Rico con menor desempeño educativo.  Recientemente el Banco Mundial desarrolló el Índice de Capital Humano, donde evalúan varios indicadores educativos y los comparan entre países. En el área de años de escolaridad, el Banco ajusta los números nominales con los resultados en pruebas estandarizadas en el país. Por ejemplo, en el caso de Brasil, los años de escolaridad que se espera que un ciudadano complete son 11.7, mientras que los años de escolaridad ajustados a la calidad de educación equivalen a 7.6.  En el Grupo de Trabajo hubo consenso de aplicar una metodología similar en Puerto Rico, utilizando los datos de pruebas disponibles.  

También se habló de entender mejor el perfil de la población universitaria y solicitar información a las universidades sobre la matrícula por programa. Esto no solo ayuda a crear un perfil universitario, sino que ayuda a parear destrezas con necesidades comunitarias. Por ejemplo, si quieres desarrollar un proyecto agrícola, sería bueno saber qué tipo de estudiantes están cerca para poder integrar a la comunidad universitaria al proyecto. Además, con esta información se puede evaluar la matrícula en programas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), para identificar retos y oportunidades en esas áreas críticas para el desarrollo de nuevas empresas.

Por el lado de la oferta educativa, hubo consenso en darle prioridad a los grados pre-escolares, ya que el acceso a educación temprana tiene grandes repercusiones a largo plazo en una comunidad. En este tema hubo una discusión interesante sobre los datos de cuidos diurnos, que en algunos casos incluyen algún elemento educativo que afecta el desarrollo del niño. A pesar de que esta información la tiene disponible el Departamento de la Familia, varios miembros en la reunión mostraron preocupación por la falta de visibilidad de los centros que no están regulados. Parece que luego del Huracán María la cantidad de estos centros pudiera haber aumentado.

También se discutieron indicadores tradicionales, como entidades educativas (nivel primero, secundario y superior) por milla cuadrada o per cápita para medir el acceso a servicios educativos. En el área de acceso a educación superior, un indicador interesante que trajeron a la mesa fue el acceso al financiamiento mirando datos de estudiantes que solicitan Beca Pell.  Existe mucha disparidad geográfica en relación al porciento de estudiantes de escasos recursos que están solicitando y completando la aplicación. Si podemos identificar las comunidades donde los estudiantes no completan la solicitud, pudiéramos desarrollar estrategias puntuales para aumentar la participación, y por tanto, el acceso a la educación universitaria.

Finalmente, se hizo hincapié en no limitar el enfoque a las instituciones educativas tradicionales y también explorar el acceso a las escuelas vocacionales y programas alternativos. Se habló de solicitar información a estas escuelas vocacionales y a las Juntas Examinadoras que regulan algunas de estas profesiones, como electricistas o plumeros. También pudiéramos hablar con las universidades a ver si proveen información sobre sus programas de educación continua o los certificados que otorgan.

Es fin, estábamos todos alineados en tener un enfoque en el tema de educación mucho más abarcador que el tradicional y así proveer a las comunidades información que los ayuden a desarrollar proyectos que atiendan sus necesidades, de manera sostenible y efectiva.

WCRPFoundation PR