Dos días después de María

Pasaron los vientos y las lluvias – casas sin techos, hasta sumergidas en marejadas ciclónicas y ríos desbordados, represas evacuadas, comunidades incomunicadas. Tendido eléctrico entrelazado con centenarios árboles de sombra que ya no lo serían. Toda la modernidad electrónica desvanecida – los sistemas y las telecomunicaciones inoperantes. Servicios gubernamentales – paralizados. Distribución y suplido – interrumpidos. Aeropuertos cerrados y militarizados, puertos acumulando carga que no tenía dónde entregarse.

Tres millones de puertorriqueños sobreviviendo a base de quinqués, latas de comida y botellas de agua dentro de casas dañadas, o con familiares y hasta en refugios. Gente sufriendo y hasta muriendo por falta de auxilio en comunidades por toda la isla. Pacientes de diálisis sin tratamiento, diabéticos sin medicamentos, ancianos expuestos al calor – miles de muertes prematuras.

Dos días después del paso de María, el Colaboratorio abrió sus puertas a toda la comunidad y sectores. Con luz, agua, telecomunicaciones y comida disponibles 24 horas al día. Hasta instalamos antenas exteriores que permitían a todo el vecindario de seres incomunicados con el mundo a acceder nuestro Wifi. Cobijamos a 180 organizaciones, locales e internacionales, gubernamentales, sin fines de lucro, y hasta empresas privadas – desde distribuidores de comida hasta líneas de cruceros – en un espacio diseñado para 100 personas. Estas organizaciones intermediaron más de cien millones de dólares en ayuda.

Salimos en misiones llevando agua y comida a comunidades remotas y regresando con historias tétricas y descripciones de las necesidades individuales de cada comunidad. Según estas necesidades, facilitamos la instalación de filtros de agua, luces solares, sistemas de electricidad solar para facilidades críticas y hasta antenas para restaurar servicios digitales. Rescatamos, con infusiones de “cash” – inmediatas y sin condiciones – a pequeños negocios que estaban a riesgo de cerrar y que eran importantes para el desarrollo económico de las comunidades.

Dos días después de María, empezamos a pensar, más allá de alivio inmediato, cómo se podían mover estos esfuerzos de un marco de ayuda y recuperación a uno de reconstrucción y transformación, cómo podíamos lograr que los recursos que llegarían se pudieran invertir en proyectos que hicieran una verdadera diferencia para estas comunidades.

Con esa perspectiva, abrazamos la oportunidad de crear estrategias y planes de desarrollo económico sostenibles que aprovechaban los activos disponibles en las propias comunidades – con énfasis en convertirlas en destinos para visitantes. Identificamos líderes y organizaciones comunitarias para coordinar esfuerzos locales. Nuestros equipos intervinieron inicialmente en Orocovis y Punta Santiago en Humacao, y comenzó un diálogo con el gobierno - local y federal - para ver cómo se podíaexpandir a más comunidades.

El Federal EDA avaló nuestro concepto de “Asset Based Community Development” (ABCD) con una subvención para desarrollar planes de destino comunitarios en 6 regiones de la isla. El Departamento de la Vivienda, junto a HUD federal, nos invitó a ser socios en el desarrollo de Whole Community Resiliency Planning (WCRP) - coordinando planes de resiliencia en comunidades y trabajando con organizaciones comunitarias y municipales. El concepto es que cuando se impulsan proyectos que surgen del conocimiento, compromiso y empeño de las comunidades, estos tienen mejores posibilidades de éxito e impacto.

Es difícil pensar que ya han transcurrido dos años desde la visita de María. Las recuperaciones de Nueva Orleans, después de Katrina, y de Nueva York, después de Sandy, tomaron muchos años. Por mucho hemos pasado y bastante hemos logrado, y estas experiencias nos han fortalecido de conocimiento y sabiduría, pero Puerto Rico todavía sigue frágil y vulnerable.

Celebremos nuestra recuperación, pero ahora nos toca redoblar nuestros esfuerzos, renovar colaboraciones, revitalizar alianzas y restaurar nuestra fe en nuestras propias capacidades. ¡Demostremos al mundo que los puertorriqueños somos capaces de levantarnos y convertirnos en una isla modelo de la transformación y de la resiliencia!

*Este artículo fue publicado originalmente en El Nuevo Día.

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